Martín Lutero

Martín Lutero fue un teólogo alemán del Siglo XVI, cuyas profundas convicciones impulsaron la Reforma Protestante. Su fin era combatir la corrupción de la iglesia católica de su época y debilitar su poder. Martín Lutero dio origen a nuevas prácticas del cristianismo en Europa, rechazando la autoridad del papa, el purgatorio y las indulgencias, que eran fuente de grandes ingresos.

Martín Lutero, padre de la Reforma Protestante en Alemania, era un fraile agustino nacido en la pequeña localidad alemana de Eisleben el 10 de noviembre de 1483. En las enseñanzas de Martín Lutero fue inspirada la doctrina teológica llamada luteranismo, que criticaba a la iglesia católica y la exhortaba a regresar a la enseñanza original de la Biblia. Su movimiento generó una reestructuración en Europa de todas las iglesias cristianas.

La contribución de Martín Lutero a la civilización occidental va más allá del ámbito religioso, ya que promovió la traducción de la Biblia a todos los idiomas, ayudando al desarrollo de una versión estándar del idioma alemán.

Además, Martín Lutero ejerció una influencia en lo cultural al contraer matrimonio con Catalina de Bora, puesto que muchas corrientes cristianas iniciaron un movimiento para dar apoyo al matrimonio sacerdotal.

La familia de Martín Lutero

Martín Lutero era hijo de un matrimonio pobre, de condición económica muy precaria, que le dio una educación muy severa. Fue el mayor de los nueve hijos del minero Hans Luder, que era a su vez hijo de campesinos y muy creyente del catolicismo, y de Margarethe Ziegler, una devota y muy trabajadora mujer que inculcó una piedad sombría en su hijo, dejando en su corazón una profunda tristeza.

Martín Lutero fue sometido en su infancia a un trato muy duro por parte de sus padres, quienes le propinaban crueles palizas. Aunque opinaba que “-mis padres siempre tuvieron buenas intenciones conmigo y quisieron mi bien”, se sabe por sus cartas que los castigos que soportaba eran tan violentos que una vez que fue azotado por su padre huyó de su casa tardando muchísimo tiempo en perdonarlo en su corazón.

En una oportunidad, la madre de Martín Lutero lo golpeó tan violentamente por haber comido una nuez sin permiso que lo hizo sangrar.

El maltrato al que era sometido lo convirtió en un ser desconfiado y huraño, según sus amigos. Inclusive en la escuela no le fue mejor. A los seis años, según contaría más tarde, recibió azotes también del maestro. Una vez le propinaron 15 azotes en un mismo día, ya que “los maestros trataban a los niños como los verdugos a los ladrones”, escribiría luego.

Los estudios de Martín Lutero

A los 14 años se muda a Magdeburgo para estudiar, y un año después a Eisenach donde vivían los abuelos maternos. Allí conoció las buenas maneras en la enseñanza, instruido en forma sólida por un maestro y poeta de nombre Hans Treborio.

En el año 1501 Martín Lutero se inscribió para estudiar Filosofía en la Universidad de Erfurt, en contra de la voluntad de su padre que quería inscribirlo para que estudie leyes.

Cuando al año siguiente finalizó el primer grado de universidad, lo hizo en el puesto número 30 dentro de una promoción de 57 personas. A los 22 años obtiene el título de maestro de filosofía, posicionado segundo entre 17 alumnos, por lo que su padre deja de tutearlo ante la admiración que le causaba la superioridad de su primogénito.

A partir de este momento, el joven y flamante maestro se dedicó con pasión al estudio de la Sagrada Escritura.

El rayo que cambió la vida de Martín Lutero

En 1505, cuando era estudiante de derecho, Martín Lutero viabaja a ver a su familia. En medio de una tormenta eléctrica, cayó un rayo muy cerca de él en medio del camino. Como era muy nervioso y tenía intensa sensibilidad, se sintió aterrorizado al verse en las cercanías de la muerte, hecho  que le hizo invocar a santa Ana, patrona de los mineros, a quien le hizo una promesa en medio de su miedo y desesperación: “Si me salvas, me haré monje”.

En ese instante vislumbró una visión de una figura extraordinaria en el cielo, una de las primeras que tendría en su vida. Unos días después abandonó los estudios de derecho y se presentó en un convento de Erfurt, el de los agustinos, para dar cumplimiento a su promesa. Su padre se irritó de tal forma que volvió otra vez a tutearlo.

Martín Lutero entró al convento sin el consentimiento de su padre, siendo primero novicio con el nombre de Agustín, y luego tomando los votos definitivos para ser ordenado sacerdote a los 24 años.

Dedicó su vida al monasterio, empeñándose en agradar a Dios realizando buenas obras y sirviendo a través de la oración por las almas. Cuanto más se dedicaba al ayuno y a las largas horas de oración, más convicción tenía de sus propios pecados. Practicaba la flagelación, el peregrinaje y la constante confesión con tanto empeño que su superior le aconsejó que para distraerse de tanta reflexión debía comenzar una carrera académica.

Estudios de teología de Martín Lutero

En 1508, Martín Lutero ingresó a la universidad de Wittenberg para estudiar teología, y en especial la ética aristotélica, recibiéndose de bachiller en estudios bíblicos. Su idea era ocupar una cátedra en alguna universidad alemana que estuviera regida por los agustinos.

En 1509 obtuvo el título de Baccalaureus Biblicus, con el que pudo practicar en forma pública la exégesis bíblica. Como profesor dio muestras de gran osadía e intemperancia en sus manifestaciones, pero al mismo tiempo en su intimidad se veía acuciado por escrúpulos y tentaciones devastadoras.

En 1512 la Facultad de Teología le otorgó el título de Doctor en Biblia, siendo nombrado como vicario en 1515, con once monasterios a cargo de su orden.

También estudió los idiomas hebreo y griego, con el fin de profundizar en el conocimiento de los significados y matices de las palabras que eran utilizadas en las Sagradas Escrituras, conocimiento que más tarde le serviría para traducir la Biblia judía.

Martín Lutero estaba escandalizado debido a la corrupción de la iglesia católica. Estaba convencido de que la salvación sólo se logra por la fe y la lectura de la Sagrada Escritura, a la que toda persona tenía derecho a acceder, estudiar y analizar sin dependencia de la jerarquía eclesiástica.

Martín Lutero estaba en contra de las indulgencias, por las que los pecadores redimían sus penas a cambio de una donación a la iglesia.

El forjamiento del pensamiento disidente de Martín Lutero

Enfrascado en profundidad en la lectura de San Pablo, sumergido en los estudios de la iglesia primitiva y de la Biblia, Martín Lutero comenzó a forjar las primeras disidencias con la iglesia ortodoxa. Sus angustias en relación con la salvación encontraron consuelo en la Epístola a los romanos, gracias a la cual entendió que la justificación del hombre está en la gracia de Dios, con total independencia de las buenas obras.

El Creador nos justifica generosamente no por nuestros méritos sino por nuestra fe en Cristo, el Salvador, y la salvación es obra de Su gracia y no de nuestras buenas obras.

Con total certidumbre espiritual y habiendo pulido su piedra angular (la justificación por la fe en Cristo), lleno de estas enseñanzas bíblicas Martín Lutero comenzó a predicar, forjando las bases de su doctrina reformista. La elocuencia de sus prédicas arrastraba multitudes sin dar grandes voces.

En 1510 realiza un viaje a Roma que tuvo nefastas consecuencias para el alma rebelde e inquieta de Martín Lutero. El ambiente de relajación y de corrupción del clero romano, la decadencia del Vaticano, sus riquezas ostentosas, los papas y prelados más pendientes de las áreas materiales que de las espirituales, todo contrariaba el corazón de Martín Lutero que se convirtió en un crítico ácido de la degradación de la ciudad de los papas.

Hubo también otra conclusión fundamental para la reforma de Martín Lutero: el sometimiento completo y absoluto a las Sagradas Escrituras, rechazando otras interpretaciones que provengan del exterior. Como la escritura del Evangelio proviene de la guía directa de Dios, por inspiración del Espíritu Santo, no es fiable en sí misma ninguna otra interpretación.

El paso siguiente fue poner en duda la persona del papa como infalible, como autoridad suprema de la iglesia. Sucedió entonces que Martín Lutero decidió cambiar su apellido, empezando a pensar en sí mismo, a sus treinta y cuatro años, como “un hombre llamado por la providencia a iluminar con un gran resplandor a la iglesia”.

Luego de obtener el título de Doctor, Martín cambia su apellido Luder por el de Lutero, que deriva de Lauter, cuyo significado en alemán es “límpido, claro, puro”.

Martín Lutero también distinguió entre los Evangelios y la Ley de Moisés, lo que reforzaba su teoría de la gracia de Dios. Como consecuencia, pensaba que este principio era crucial para la interpretación de la Escritura, notando que la ausencia de claridad al diferenciar la ley mosaica de los Evangelios, era el motivo de la comprensión incorrecta del Evangelio de Jesús entre los cristianos de su época. Por ello responsabilizaba a la iglesia como institución por haber no sólo creado sino fomentado algunos errores teológicos fundamentales.

La disensión de Martín Lutero por las indulgencias

Además de profesor, Martín Lutero era confesor y predicador en la iglesia del palacio, donde vio el tráfico de indulgencias. Hacía públicas sus ideas en relación a los fundamentos de la fe, escandalizado por una práctica que consideraba un envenenamiento espiritual para la gente sencilla.

La indulgencia (remisión de la culpa por los pecados) podía ser comprada por cualquier persona, ya sea para sus parientes fallecidos que estaban en el Purgatorio, o para sí mismas. Inclusive un fraile fue reclutado con el fin de viajar para vender indulgencias. Dicha recaudación tenía por finalidad la construcción de la Basílica romana de San Pedro, en Italia, encomendada por el papa León X.

Dicho tráfico de indulgencias era considerado por Martín Lutero no solamente como un abuso de poder, sino también como una mentira que no tenía base en las Sagradas Escrituras. La gente, confundida, en lugar de enfocarse en el arrepentimiento sincero y en el sacramento de la confesión, confiaba en la mentira de la compra de indulgencias.

Si bien Martín Lutero puso en aviso a las autoridades eclesiásticas alemanas, se encontró con el más absoluto silencio en relación a las indulgencias, por lo que decidió actuar por su cuenta.

Martín Lutero predicó en contra de las indulgencias y escribió sus tesis contrarias a ellas, condenando la avaricia y el paganismo. Sus noventa y cinco tesis contrarias a la venta de indulgencias, fueron clavadas en 1517 en sitios visibles de la ciudad como la puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg.

Repletas de ataques a la iglesia romana y al papa, las tesis incendiarias fueron escritas en latín y luego fueron traducidas al alemán, para ser rápidamente difundidas por Alemania y Europa, gracias al papel de la imprenta y a la labor de los estudiantes.

Esto fue como una declaración de guerra para la iglesia de Roma. León X afirmaba que las tesis fueron escritas por un borracho alemán, que cambiaría de parecer cuando estuviera sobrio.

Aunque Martín Lutero quiso suavizar la situación tanto desde las aulas como desde el púlpito, los encargados de la Inquisición (los dominicos) denunciaron ante Roma a Martín Lutero, quien tuvo que comparecer para responder por los cargos que los inquisidores habían formulado en su contra.

Con gran astucia, Martín Lutero involucró al poder político pidiendo que el Príncipe intercediera frente al papa para celebrar el juicio en suelo alemán. La postura de León X era exigir que Martín Lutero se retractara públicamente de la gravedad de sus errores o en caso contrario sería arrestado en Roma.

Bajo la protección política del Príncipe, Martín Lutero no solamente no se retractó, sino que fue protagonista de una discusión a los gritos con el cardenal, quien afirmó: “no quiero tratar más con ese animal. Tiene unos ojos que fulminan y unos razonamientos desconcertantes.”

Martín Lutero endureció su postura aún más adoptando una actitud intransigente mientras afirmaba que la Sagrada Escritura estaba por encima del propio pontífice. Con esa afirmación no se limitaba al solo rechazo de las indulgencias sino que desacataba directamente la autoridad papal.

La respuesta de León X lo conminó a retractarse nuevamente bajo pena de excomunión, a lo que Martín Lutero respondió rompiendo totalmente con la iglesia de Roma.

Respuesta del catolicismo a la Reforma de Martín Lutero

La iglesia católica respondió con la Contrarreforma, movimiento que tuvo por finalidad renovar la iglesia e impedir el avance de la doctrina protestante.

Reforma y Contrareforma implicaron un desarrollo intelectual importante en Europa, del que el pensamiento de los jesuitas fue claro reflejo. También se debilitó el poder absoluto de los reyes, y se mantuvo en los años la controversia entre católicos y protestantes incluso un siglo después, con la guerra de los treinta años que arrasó Alemania con el conflicto entre protestantes y católicos.

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