Micaela Bastidas

Micaela Bastidas fue una valiente luchadora peruana de la independencia hispanoamericana. Esposa de Tupac Amaru, fue un ejemplo de determinación y coraje defendiendo sus ideales de libertad y justicia. La muerte llegó a Micaela Bastidas de una forma cruel y despiadada en manos de los españoles, lo que la convirtió en símbolo y leyenda de la lucha americana contra la explotación colonial.

Micaela Bastidas Puyucahua fue una patriota del Perú y héroe de la emancipación, que secundó a su esposo no sólo en las luchas armadas para defender a su patria, sino también en su actividad privada que era de tipo comercial. Era una líder con un particular don de mando, que logró sumar a la causa a párrocos, vecinos distinguidos y a numerosos caciques.

Si bien Micaela Bastidas no tuvo educación académica, su madurez mental alcanzó niveles insospechados, como fue demostrado en los sucesos que la tuvieron como protagonista en la rebelión independentista.

Sus orígenes

De sangre mestiza, Micaela Bastidas era hija de una indígena y de un español descendiente de africanos, Josefa Puyuqawa y Manuel Bastidas, respectivamente. Para algunos historiadores Micaela Bastidas había nacido en la provincia de Abancay, en la localidad de Tamburco, región Apurimac de la sierra del sur de Perú en 1745.

La condición económica de Micaela Bastidas, hija de una familia de la aristocracia del pueblo que se dedicaba a la agricultura y la ganadería tradicional, la hizo figurar entre la gente que pertenecía al rango social de los españoles.

Sin embargo otros historiadores afirman que Micaela Bastidas nació en Pampamarca, en Cuzco, actualmente provincia de Canas, donde se crió y pasó su juventud en compañía de sus hermanos (Miguel y Antonio) y sus tíos maternos.

Si bien no tuvo en la infancia más que una educación elemental (que era lo usual para las mujeres de la época), encontró en su esposo un maestro ideológico, con quien se concientizó rápidamente de la complejidad de la situación de la gente, e instantáneamente se involucró con la causa revolucionaria.

Una belleza singular

Micaela Bastidas era una joven de belleza muy particular, de cuello esbelto y porte distinguido. Su cabello ondulado y la tez bronceada daban cuenta de sus raíces afroamericanas, lo que le valió el sobrenombre de “Zamba” en boca de sus enemigos.

En la época colonial se daba el nombre de “zamba” a las personas que eran descendientes del mestizaje entre indígenas americanos y negros africanos. Los europeos categorizaban a los grupos humanos del período colonial de América como blancos, negros e indios.

Los cruces entre las castas antes mencionadas daban como resultado a los llamados mestizos, mulatos y zambos. En la actualidad, todas las personas que no están incluídas en la categoría de los blancos son llamadas zambos, por extensión.

La boda con Tupac Amaru

Cuando sólo cumplía los 15 años de edad conoció al joven cacique Tupac Amaru, cuyo nombre era en realidad José Gabriel Condorcanqui, que era descendiente de un privilegiado grupo social del Imperio Inca: la nobleza indígena.

Tupac Amaru era un próspero hacendado que había recibido en los colegios de los jesuitas de Cuzco y Lima una educación privilegiada, era un lector ávido que dominaba el latín, el quechua y el castellano.

Formalizado su noviazgo, se celebró la boda poco tiempo después (en 1760) en la iglesia de nuestra señora de la purificación, de Surimana, y la pareja fijó su residencia en Tinta, pueblo perteneciente a Cuzco.

Un matrimonio de la nobleza incaica

Propietario de grandes extensiones de territorio y riquezas, mediaba entre los corregidores y los indígenas, cumpliendo roles múltiples en la administración de sus bienes.

Las alzas fiscales y la creación de una aduana interna afectaron tanto a los grandes propietarios como a los indígenas, y su oficio de arriero le permitía conocer las historias, las desgracias y las duras condiciones en que vivían los trabajadores.

Tupac Amaru y Micaela Bastidas sentían la injusticia en carne propia, y trataron de efectuar reclamos a las autoridades que siempre fueron rechazados.

Tiempo después, de la unión matrimonial, que tuvo una posición acomodada en la sociedad, nacieron tres hijos: Hipólito, Mariano y Fernando, quienes al llegar a la adolescencia fueron colaboradores en la gran rebelión que lideraron sus padres.

Si bien en el Cuzco del virreinato Tupac Amaru era un arriero próspero y un cacique importante, Micaela Bastidas vivía en constante indignación por los abusos que padecía el pueblo indígena, la esclavitud forzada de los negros, los altos impuestos que debían pagar y la opresión a los indios.

Su ideología independentista comenzó a desarrollarse, y su pasión por la defensa de esclavos, indígenas, criollos y mestizos, tomó forma de rebelión con la indiferencia y las negativas de las autoridades oficiales.

La rebelión del año 1780

A finales de los años 1780 era cada vez mayor la explotación y el sufrimiento del pueblo indio, acrecentándose día a día el descontento. En forma obligatoria les era exigido el trabajo en las minas de Potosí, cumpliendo con la mita.

Luego de agotar los reclamos a través de todas las vías, en forma humana, pacífica y legal, José Gabriel Condorcanqui difundió una proclama de libertad y tomó prisionero a Antonio de Arriaga, el corregidor de ese lugar.

Un batallón de mujeres, luchadores andinas, aymaras y quechuas apoyaron a Micaela Bastidas en el levantamiento y apoyo de las tropas junto a sus esposos e hijos. No sólo la independencia estaba en juego sino el rol de la mujer indígena y su participación social y política.

Micaela Bastidas fue excomulgada junto a su esposo Tupac Amaru por la destrucción de la iglesia en Sangrará. Era una generala organizadora, intuitiva, que no se amedrentaba. No sólo era el cerebro de Tupac Amaru en la revolución sino también la mujer que lo alienta, que lo guía y hasta lo recrimina.

Micaela Bastidas fue desde el primer momento la principal consejera de su esposo, Tupac Amaru, y la informante de los movimientos de los realistas. Además, abastecía a las tropas rebeldes de alimentos y armamento.

Micaela Bastidas formó parte también del célebre “consejo de los cinco”, participando en el enjuiciamiento a Arriaga y determinando de manera conjunta, que el ajusticiamiento era necesario como medida preventiva.

Las cartas a Tupac Amaru

Cuando estaban en campaña, las cartas que la mujer dirigía a su esposo evidenciaban su enorme entrega a la causa. No son pocos quienes opinan que si Tupac Amaru hubiese escuchado a su esposa en relación a tomar Cuzco al inicio del levantamiento (como lo aconsejaba Micaela), hubiera sido casi imposible que los españoles la recuperaran.

El fracaso de la revolución y las sentencias de muerte

Con el sofocamiento de la sublevación, Micaela Bastidas fue capturada y enjuiciada con sentencia de estrangulamiento. En la Plaza de Armas de Cuzco rodeada de soldados españoles, el 18 de mayo 1781 Tupac Amaru fue obligado a ver, junto a su esposa, el ahorcamiento de su hijo Hipólito. Presenció ambas muertes y luego fue ejecutado durante el mismo día.

También fueron víctimas sus otros hijos, el hermano político, una vecina y tres caudillos. Luego de ahorcar a Micaela Bastidas, a todas las demás víctimas las hicieron arrastrar de espaldas, por caballos, hasta el centro de la plaza para su ejecución.

Al tío del inca (de ochenta años de edad) se le cortó la lengua, al igual que a Hipólito, de veinte años, y se le aplicó la pena del garrote con un tornillo de hierro (primera vez que se aplicaba en Cuzco). Al niño menor, Fernando, lo condenaron a cadena perpetua con sólo diez años de edad.

La muerte de Tupac Amaru

Luego de presenciar la muerte de sus seres queridos, al inca se le quitaron las esposas y los grillos y se le arrancó la lengua. Tendido en el suelo, amarraron sus muñecas y tobillos a la cincha de cuatro caballos, obligándolos a correr en distintas direcciones simultáneamente.

Fernando (de diez años e hijo menor de Micaela Bastidas y Tupac Amaru) fue obligado a presenciar la inmolación de sus padres. Lanzó un grito desgarrador al ver levantado por el aire el cuerpo mutilado de su padre, grito que repercutió por años en el corazón de los concurrentes acrecentando el odio hacia los opresores.

La brutalidad de la ejecución de Micaela Bastidas

Es difícil de igualar el barbarismo y la brutalidad feroz que ha vivido el matrimonio Bastidas-Condorcanqui hace apenas un siglo atrás. Una sentencia horrenda, cumplida al pie de la letra con todas sus atrocidades.

En forma cruel y con un padecimiento espantoso fue ejecutada Micaela Bastidas, aún antes que su esposo. Con el rostro desafiante, la valerosa y noble mujer ascendió altiva y orgullosa al tablado donde le darían muerte.

Los verdugos intentaron arrancarle inicialmente la lengua, pero sólo pudieron realizarlo luego de muerta, tal fue su resistencia. Padeció infinitamente sometida a la pena de los golpes de garrote, y el metal de ahorcamiento no logró cerrar su cuello por su extremada delgadez, razón por la cual los españoles le aplicaron alrededor del cuello un lazo del que tiraron hasta ahogarla, mientras le daban puntapiés en el pecho y en el vientre.

Así falleció en 1781 esta heroína que fue ejemplo de entrega y de amor a la tierra que la vio crecer.

Una respuesta a “Micaela Bastidas”

  1. alfredo alvaro quispe dice:

    duele mucho, todos los abusos cometidos, bajo el mandato de la ignorancia, donde las leyes solo fueron escritas para los mismos ignorantes para cometer, robos, violaciones, matanzas y apoderarse de la riqueza peruana, y las autoridades hasta el momento no hacen nada, solo es puro homenajes por cumplir nada mas, cuando seran resoetados los verdaderos deerechos del hombre del campo y del pueblo

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