San Francisco Solano

Con el nombre de Francisco Sánchez Solano Jiménez, nació en Montilla, provincia de Córdoba, el 10 de marzo de 1549 el sacerdote que se haría conocido bajo el nombre de Francisco Solano, uno de los frailes que fue responsable de la misión católica en Latinoamérica.

Desde joven Francisco sintió el llamado de dios, quería ser misionero en África, sin embargo, no lo aceptaron para esta misión. Cuando décadas más tarde fue escogido para viajar como parte de la comitiva que difundiría la religión católica en América, uno de sus sueños principales se hizo realidad.

Cuando llegó a Latinoamérica, Solano decidió quedarse para siempre. Allí moriría, efectivamente, muchos años más tarde (14 de julio de 1610). En el año 1726 fue canonizado por la iglesia, que afirmó que se había comprobado que el santo había obrado milagros. Recibió entonces el apodo de “Taumaturgo del Nuevo Mundo”.

Las misiones en las que participó Francisco Solano tuvieron lugar durante el reinado de Felipe II, en un segundo grupo de viajes que se hicieron desde la Península Ibérica a Latinoamérica y que encubrieron en la idea de esparcir la palabra de dios, el deseo de la Corona Española de hacerse con las riquezas de los pueblos originario y de esclavizar a los nativos.

 

Francisco Solano, misionero franciscano de la pobreza

Francisco Solano, al igual que Francisco de Asis, el fundador de su Orden (los franciscanos), sentía una gran devoción por la naturaleza y, sobre todo, un aprecio especial hacia por los animales, a quienes curaba y trataba como pares.

Una anécdota cuenta que había cerca del convento donde vivía en Córdoba antes de viajar a América, una serpiente que destrozaba las plantaciones y estorbaba al ganado, Francisco se acercó a ella y le ordenó que fuese al convento. El reptil obedeció y al llegar al convento fue alimentado. Después de saciarse se alejó y nunca más volvieron a verla por allí.

Francisco se tomaba muy en serio sus votos de pobreza, a tal punto que dormía en un camastro con una simple manta. Pese a ello siempre se lo relacionó con la alegría y la vitalidad, y es posible que haya sido gracias a ella como se ganó el aprecio de todos los que le conocieron.

Francisco Solano es uno de los personajes críticos de la historia del Perú. Dependiendo del punto de vista desde el que se narre la historia puede ser un santo o un déspota.

Al margen de los aspectos políticos e históricos, se ha difundido la fama de Francisco Solano y en torno a su figura se han creado dos miradas: una bondadosa y otra crítica.

Algunos lo ven como uno de los pocos misioneros que se acercaron de verdad a las culturas nativas, que intentó conocerlos, aprender su idioma y entender sus necesidades.

Su facilidad para cantar y tocar la guitarra le sirvió para entrar en confianza con ellos; sin embargo, una parte de la historia lo ve como un traidor de esa confianza, ya que su forma de acercarse a los nativos no dejó de ser despectiva (asumiendo la autoridad que le daba la iglesia como una muestra de superioridad frente a ellos).