Diego Rivera

Diego Rivera fue un destacado muralista mexicano de alto contenido social del siglo XIX, de personalidad brillante y polémica. Muy reconocido en el ámbito político y cultural de su país, el pintor estaba muy identificado con los ideales revolucionarios de su nación. Diego Rivera representó en su obra la vida social de ese tiempo y pintó escenas de realismo popular arraigadas a la tradición autóctona mexicana.

Considerado el representante máximo de la Escuela Mural Mexicana, la obra de Diego Rivera fue monumental, tanto por la cantidad como por el volumen. De gran talento como pintor, y apasionado por la polémica, Diego Rivera fue un personaje protagónico del panorama político social de las décadas veinte a cincuenta.

Los murales de Diego Rivera ostentan un lenguaje figurativo en el que subyace un deseo reivindicatorio de la identidad de México. Pintó escenas de realismo popular con un estilo muy propio, en el que su obra mostró un hondo arraigo a la tradición autóctona mexicana.

Sus primeros años

Diego Rivera nació en Guanajuato el 8 de diciembre de 1886. Sus padres fueron María del Pilar Barrientos y Diego Rivera. Al poco más de un año de su nacimiento falleció su hermano gemelo, Carlos María. Si bien Diego se mantuvo con vida padecía raquitismo y su constitución física era muy débil.

El nombre con el que el niño fue registrado, es Diego María Rivera, pero su nombre de bautismo es Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez.

Dibujante y pintor

Si bien el padre de Diego Rivera pretendía que su hijo ingresase al liceo militar, el joven tenía otras inclinaciones relacionadas con el arte. A sus 6 años de edad sus padres se trasladaron a vivir a la capital mexicana, lo que le facilitó iniciarse precozmente al estudio del arte en la antigua Academia de San Carlos.

Allí conoció a José María Velasco, célebre pintor paisajista de quien fue discípulo y que lo marcó profundamente con sus enseñanzas naturalistas, según puede verse en las primeras exposiciones de Diego Rivera.

Desde 1896 tomó clases nocturnas en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos (ex Academia de San Carlos), donde obtuvo una formación sólida como pintor y como dibujante.

Pensionado por el gobierno para estudiar en Europa

En 1905 Diego Rivera recibió una pensión de Justo Sierra, quien era Secretario de Educación en México. Y en 1907 recibió otra del gobernador de Veracruz de ese momento, con lo cual pudo viajar a España para realizar estudios de obras como las de El Greco, Goya y Brueghel.

En España ingresó al taller del sobresaliente retratista madrileño Eduardo Chicharro, consolidando su formación.

Desde 1907 y por espacio de quince años, Diego Rivera recorrió varios países de Europa (principalmente España, Italia y Francia) en los que abandonó el academicismo para interesarse por el arte de vanguardia. Pasó por Londres, París, Toledo, Gante, y en Brujas conoció a su futura esposa, una pintora rusa.

Algunas de sus obras de ese período (como El guerrillero), reflejan su interés por el cubismo sintético que había adquirido en París. Luego admiró los frescos italianos (como los de Giotto) del Quattrocento, alejándose del cubismo que anteriormente lo había atrapado.

De regreso a la México revolucionaria

En 1922 Diego Rivera abandona las tierras italianas para regresar a su país, profundamente identificado con los ideales revolucionarios. A pesar de que su posición ideológica era comunista, no tuvo una participación directa en el conflicto militar de la Revolución Mexicana.

Mientras la revolución se consolidaba, Diego Rivera estudiaba profundamente las primitivas formas del arte azteca y de la cultura de los mayas, civilizaciones que influyeron notablemente en su obra posterior.

Sindicato de Pintores

Junto a José Orozco y David Siqueiros, entre otros artistas mexicanos, Diego Rivera creó el sindicato de pintores, del cual surgiría posteriormente el movimiento muralista de México, de raíz indigenista.

El muralismo en plenitud

En la década del 20 Diego Rivera fue contratado por el gobierno en numerosas oportunidades para realizar grandes composiciones muralistas. El pintor abandonó la corriente artística que imperaba en ese momento, para crear un estilo propio y nacionalista que reflejara la historia mexicana desde las etapas precolombinas hasta la revolución.

Las escenas de sus murales eran populares y vigorosas, de vivos colores, de alto impacto social. Es destacable la seguidilla de escenas que evocan la llegada del conquistador Hernán Cortés a tierra mexicana, por ejemplo a las costas de Veracruz o el encuentro que tuvo con Moctezuma, el soberano del pueblo azteca, en Tenochtitlán.

El muralismo como arte nacional fue un movimiento que alcanzó madurez artística y plenitud entre los años 1923 y 1928, en el que Diego Rivera se destacó pintando los frescos encomendados por la Secretaría de Educación Pública.

Tanto en el edificio de la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, como en el de la Secretaría de Educación Pública, Diego Rivera cubrió con sus pinturas murales la totalidad de las paredes del edificio y de los dos patios adyacentes (con dos pisos cada uno).

El simbolismo de la obra de Diego Rivera

El pueblo mexicano era el protagonista absoluto de los frescos, representado en el trabajo puntual de su jornada laboral como así también en sus fiestas.

La intencionalidad de su obra era reflejar la vida social de su país tal como la veía, separando en zonas arquitectónicas distintas el ocio del trabajo.

En el Palacio Nacional de México, Diego Rivera ilustra en sus murales la historia precolombina. Narra con escenas que ocupan tres paredes ubicadas frente a la escalinata principal del edificio, el pasado de opresión que asoló al pueblo mexicano.

Realiza una reconstrucción épica basada en las luchas heroicas de liberación colonial, y pone de relieve en sus imágenes la opresión de campesinos e indios, a la par que satiriza duramente a las clases dominantes.

Sus frescos ponen énfasis en el indígena como figura simbólica de la identidad mexicana y las virtudes nacionales, en contraste con los extranjeros europeos colonizadores.

Su compromiso político y social

Las realizaciones murales de Diego Rivera reflejan su adhesión a la causa socialista de su país. Fue un artista muy comprometido políticamente, y uno de los fundadores en México del Partido Comunista. En 1927 el pintor visitó la Unión Soviética, luego de lo cual contrajo matrimonio con Frida Kahlo quien lo acompañará en su viaje por Estados Unidos.

Su compromiso político lo llevó a realizar declaraciones de prensa, a dictar conferencias, a escribir artículos sobre temas candentes del momento, y a ser militante de la IV internacional (de tinte trotskista) inclusive hasta invitando a su casa a León Trotsky y brindándole asilo político.

Vida amorosa de Diego Rivera

En 1909 Diego Rivera se casó por primera vez con Angelina Belova, pintora rusa con la que mantuvo una relación durante diez años. Con ella tuvo un hijo, de nombre Diego, que falleció al año de su nacimiento.

En 1919 tuvo una hija que nunca reconoció pero a la que le daba sostén económico, fruto de una relación extramatrimonial. En 1920 abandonó a su mujer, Angelina, y se marchó a Italia a estudiar arte renacentista.

Al año siguiente regresó a su país cuando nombraron a José Mauro de Vasconcelos como secretario de educación, con quien se inició una etapa de renacimiento de la pintura mural bajo el patrocinio del gobierno.

En 1922 pinta su primer mural llamado La Creación (en referencia a la raza mexicana), y en diciembre de ese año se casa por segunda vez con Guadalupe Marín, una mexicana de ojos verdes, piel blanca y largos cabellos negros, que conoció mientras pintaba un mural y con la que tuvo dos niñas, Ruth y Lupe.

Cuando lo invitan a Diego Rivera a Moscú por los festejos del aniversario de la revolución, se divorcia en 1928 de Guadalupe Marín.

En 1929 contrae matrimonio por tercera vez con Frida Kahlo, quien había sido su modelo, y que tuvo con Diego Rivera una relación tormentosa. A pesar de casarse con la artista y de lograr una gran compenetración que dio lugar a mayor creatividad para ambos, el pintor no refrenó su afición a las mujeres causando un dolor profundo en su esposa.

Su infidelidad no tuvo límites, al punto que llegó a relacionarse con la hermana menor de Frida (Cristina Kahlo) y convertirse en amante. Pese a ello la casa del matrimonio en Coyoacán fue epicentro cultural en México, y escenario de tertulias artísticas y políticas muy singulares.

En 1940 se divorcia de Frida Kahlo, pero a fines del mismo año vuelve a casarse con ella.

Residencia en Estados Unidos

Entre los años 1930 y 1934 Diego Rivera se radicó en Estados Unidos, donde dictó conferencias y realizó algunos trabajos. Durante su viaje por Moscú (en la fiesta de conmemoración del aniversario de la revolución) había conocido a dos directivos neoyorkinos del Museo de Arte Moderno estadounidense, que lo invitaron a su país a realizar una muestra individual.

Diego Rivera aceptó la invitación y exhibió 8 murales móviles junto a otras ciento cincuenta obras inspiradas en sus experiencias en Nueva York, muy aturdido por la depresión económica y la riqueza de la ciudad. Sus frescos gustaron en la ciudad neoyorkina, por lo que recibió dos encargos elogiosos:

  • El de la compañía Henry Ford para el patio interior del Instituto de las Artes de Detroit, donde elogió la producción industrial.
  • El de la familia Rockefeller, para su complejo de diecinueve edificios que estaba en construcción en Manhattan. Si bien los Rockefeller conocían las ideas socialistas del pintor, deseaban contar con su reputación para pintar uno de los murales del vestíbulo de la sede de la compañía.

Polémica y destrucción del fresco en Nueva York

En Detroit, Diego Rivera trabajó para los Ford ensalzando la ingeniería norteamericana en un fresco. Del mismo modo, los Rockefeller esperaban que el pintor dejara de lado sus creencias políticas y firmaron un acuerdo para que pintara a escala monumental el Rockefeller Center.

La magnífica y gigantesca construcción fue planeada como símbolo de confianza de los propietarios de la instalación cultural y comercial en el espíritu del capitalismo, para probar los beneficios del sistema capitalista. La decoración del proyecto contaba con mosaicos, frescos, esculturas y relieves de los artistas mejores de la época.

El lema asignado por los investigadores a Diego Rivera para el mural del Rockefeller Center fue “El hombre en la encrucijada”, que pretendía simbolizar la difícil situación del hombre entre el pasado y el futuro a causa del progreso. El boceto del trabajo fue aceptado, pero el pintor modificó el plan en plena ejecución.

La representación que dejó plasmada en el mural era una alegoría con alto contenido ideológico. Reflejó la opresión del pueblo a la derecha, el progreso científico en el medio, y la tiranía a la izquierda.

La figura de Lenín aparecía uniendo a todas las razas con sus manos, dejando traslucir la encrucijada del hombre entre el capitalismo (injusticia, explotación y guerra) y el comunismo (justicia, cooperación y paz).

Rockefeller tomó la pintura como un insulto personal, ya que el famoso edificio que estaba situado en una avenida célebre era emblemático para el capitalismo. El comité le exigió al pintor que sacar la figura de Lenín, el líder ruso, y como Diego Rivera se negó a hacerlo, su actitud forzó a la destrucción del mural generando un gran impacto político.

El escándalo Rockefeller

La familia Rockefeller era el símbolo del capitalismo en Estados Unidos, y quedó expuesta al destruir una obra maestra de la cultura y demostrar su desprecio por la cultura si ésta iba en detrimento de sus intereses. Hasta Gengis Khan hubiera mostrado una actitud más civilizada.

Sin embargo, tan banalizado estuvo el arte que el realismo social que plasmaba el muralismo también fue manipulado por el socialismo, quien lo usó como instrumento propagandístico. De él sólo quedó la pintada callejera y alguna otra variante inofensiva.

Sus últimos años

Luego de la muerte de Frida Kahlo (en julio de 1954), Diego Rivera quedó totalmente desamparado. Viajó a Moscú, muy enfermo, con el fin de encontrar cura.

Sin embargo volvió a casarse por cuarta vez, con Emma Hurtado, y vivió sus últimos años en Acapulco y San Angel Inn, falleciendo en 1957.